El consumo y la inversión augmentan en propuestas que integren la ESG en su estrategia

El mundo académico y empresarial hace unos años que comenzó a utilizar los términos ESG para referirse a tres factores básicos para determinar la Sostenibilidad y el Impacto ético de una inversión en una empresa o negocio. Actualmente, ESG es una nueva nomenclatura que permite referirse a la relación de la empresa con su entorno.

Hablar de ESG no se trata de una nueva moda. Es un concepto que viene de lejos. Podemos encontrar indicios a mediados del siglo XX cuando los inversores se empiezan a plantear inversiones que, además del rendimiento financiero, tengan en cuenta otras consideraciones. Tener en cuenta como las inversiones mejoran las condiciones de vida de las personas, a nivel de medio ambiente, de la salud, o de los derechos humanos, son planteamientos que han ido evolucionando hasta la fecha. A principios del siglo XXI ya encontramos con la consolidación del concepto «Inversor Responsable»; el mercado comenzaba a moverse con fuerza la idea de incorporar factores medioambientales y sociales, hasta llegar a hablar del «Triple Balance». Empiezan a salir estudios vienen a decir que el gasto relacionado con Responsabilidad Social Corporativa no afecta negativamente el rendimiento financiero, sino al contrario: genera valor para la propia empresa.

La realidad social y política ha ido poniendo en el punto de mira la ética y la sostenibilidad de los negocios, lo que conlleva que las empresas deben definir nuevas estrategias para asegurarse un lugar y un espacio en el tiempo. El consumo y la inversión tienden a aumentar en propuestas que integren la ESG en su estrategia. Esta nueva realidad supera, pues, planteamientos filantrópicos para convertirse en planteamientos pragmáticos. La legislación y el comportamiento del consumo tenderá a penalizar las malas prácticas y beneficiarán a aquellos que integren la ESG.

El gran reto es cómo poder cuantificar, analizar y evaluar. Históricamente los informes y han sido poco concretos, demasiado descriptivos, y de interpretación cualitativa. Hacen falta instrumentos de análisis cuantitativo, datos contrastables y verificables, sin estar sujetos a interpretaciones. Se necesitan herramientas que permitan poder comparar los resultados para poder comparar y poder aprender para mejorar.

Disponer de una herramienta como la ESG Rating permite conocer y comparar cómo las empresas se relacionan con su entorno. De esta manera todos los stakeholders podrán tener un valioso dato e información que les ayudará a relacionarse.

El ESG Rating genera esta información de forma independiente, a partir de datos contrastables, de un posterior análisis objetivo, con datos cuantificables y resultados comparables.

2019-11-15T15:41:03+00:00 29 junio, 2018|esg-rating|